En principio, el accidente de trabajo es el que sufre una persona mientras está desarrollando su actividad laboral. Sin embargo, también tiene tal consideración el accidente sufrido al ir o volver de su lugar de trabajo (accidente in itinere).

Como consecuencia del accidente de trabajo el trabajador puede sufirir unas lesiones corporales más o menos graves, que pueden comportar su incapacidad temporal (baja médica) y, en el peor de los casos, incluso una incapacidad permanente.
Pero no siempre que un trabajador sufre un accidente de trabajo existe una responsabilidad de la empresa en el mismo.

Para que exista tal responsabilidad debe existir una falta de medidas de seguridad imputable a la empresa y que exista una relación de causalidad entre dicha omisión de la empresa y la producción del accidente de trabajo.

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En el caso de que exista una responsabilidad de la empresa, el trabajador podrá reclamar una indemnización por daños y perjuicios a la empresa mediante demanda judicial. Para valorar la indemnización, a fecha de hoy no existe ninguna normativa específica que establezca unos baremos para ello. Ante esta situación, lo habitual es acudir a los baremos previstos para accidentes de tráfico con algunas particularidades que ha ido estableciendo la jurisprudencia.

Lo que, en esencia se valora a efectos de calcular una indemnización por lesiones provocadas por un accidente de trabajo, son dos: el tiempo de curación de las lesiones y posterior recuperación y/o rehabilitación y, asimismo, las secuelas o lesiones permanente que le puedan quedar al trabajador accidentado.

En cuanto al tiempo de curación, debe tenerse en cuenta que lo percibido en concepto de prestación por incapacidad permanente, que viene a paliar el lucro cesante derivado de las lesiones, se considera indemnización por este concepto y, por tanto, sería deducible de la parte de indemnización que correspondiera a tal lucro cesante.

El plazo para reclamar por accidente de trabajo es de un año desde el accidente o de estabilización de las lesiones que se hayan sufrido.

Las enfermedades profesionales son aquellas que derivan directamente del ejercicio de la actividad laboral. En este sentido, tienen un tratamiento igual que los accidentes de trabajo en materia de prestaciones de Seguridad Social, así como, en materia de reclamación de indemnización por daños y perjuicios. Es decir, que si la enfermedad profesional responde a una conducta imputable a la empresa por una omisión de medidas de seguridad, existirá una responsabilidad por la que puede reclamársele una indemnización por daños y perjuicios por parte del trabajador lesionado o enfermo.


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