¿Habéis oído hablar alguna vez de la Responsabilidad social corporativa? También llamada “responsabilidad social empresarial” o conocida también por sus siglas, RSC o RSE, se trata de una práctica en la cual las empresas contribuyen activamente y voluntariamente a mejorar el entorno social, económico y ambiental con el principal objetivo de crecer competitivamente y valorativamente.

Qué es la Responsabilidad social corporativa

Cada vez hay más empresas que se unen a esta práctica. Sus inicios los encontramos en el siglo XIX, cuando empezó a tomar auge el cooperativismo y el asociacionismo y se perseguía el poder cumplir la actividad empresarial y el rendimiento económico con unos principios sociales basados en el apoyo a la comunidad y la justicia distributiva. Básicamente se trata de ejercer libremente acciones que ayuden al desarrollo positivo de la sociedad. Aquí vemos algunos ejemplos:

• Promover la defensa y el respeto hacia los derechos humanos, contribuyendo con unas condiciones de trabajo dignas y en las que se tenga en cuenta la seguridad del empleado y su crecimiento personal y laboral siempre que sea posible.

• Ofrecer productos útiles, eficaces, elaborados con buenos materiales provenientes de un mercado primario justo.

• Ser responsables con el medio ambiente: eso implica no solamente vigilar en donde desembocan nuestros residuos sino que además se trata de promover el reciclaje y el bajo consumo energético, vigilar con el uso del agua, etc.

• Cumplir la normativa existente, ya sea en temas económicos, como en temas productivos, de recursos humanos, seguridad, etc. Esta práctica no solo evita futuros problemas sino que contribuye a una mejor gestión y a una lucha permanente contra la corrupción.

• Intentar, siempre que sea posible, promover las iniciativas de cooperación y colaboración con la empresa o con entidades del sector, con el objetivo de llegar al cliente o consumidor de la forma más directa y transparente posible.

¿Qué beneficios aporta para las empresas?

Como ya hemos visto en el punto anterior, son muchas las ventajas que se producen cuando se apuesta por una gestión basada en la responsabilidad social corporativa. Pero realmente, ¿Qué sacan las empresas o entidades de todo ello? Es una pregunta difícil de responder, porque realmente son muchos los beneficios que no son cuantificables. Sí que hay algunos que son muy claros, como por ejemplo un ahorro en la factura si se contemplan medidas de consumo energético, pero no todo es tan fácil de calcular. A veces el beneficio consiste en tener a los trabajadores motivados para realizar sus tareas, lo que puede conllevar un mejor rendimiento en su trabajo.

Aunque muchas veces lo que se persigue no es un beneficio cuantificable, sino que muchas de las empresas y entidades lo usan para mejorar su propia imagen, ya sea anunciando que se usan bombillas ecológicas o bien que promieven la integración de personas en riesgo de exclusión social. La mayoría de las veces se hace simplemente para aportar un grano de arena a la sociedad y ayudar a que se desarrolle de la mejor forma posible.

También a veces son los mismos clientes quienes incentivan a la empresa para mejorar. Esta materia ha sido objeto de investigación por parte de expertos como Goodpaster y Mathews, quienes han generado un dilema a partir del cual se debate si las grandes empresas deben practicar RSC, ya que al ser tan poderosas es delicado y peligroso que entren en temas sociales o políticos, pero es tanto o más delicado y peligroso es que no lo hagan y se dediquen solamente a generar ganancias.

Aunque exista normativa oficial sobre el tema, la verdad es que es muy difícil poder medir la responsabilidad social corporativa que hace cada empresa o entidad. No existe un estándar, por lo que no se puede medir. Lo que sí que hay es una norma, la ISO 26000, en la cual participaron unos 450 expertos en la materia y hubo observadores de casi 100 países distintos, contando con la participación de 42 organizaciones. Aunque la guía está muy bien y puede servir de base, no tiene suficiente autoridad para ejercer de certificación, ya que ni tan solo ofrece un modelo de gestión, sino que sirve como orientación para ir introduciendo prácticas que sean responsables con la sociedad en sí.

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